Nadie, ni dentro ni fuera del notariado, pone en cuestión la actual crisis por la que atravesamos los notarios, reflejo de la gravísima crisis que asola a este país desde el día y hora en que se acabó la juerga de ladrillos, hipotecas y demás alegrías. La caída de trabajo en las notarías se sitúa entre el sesenta y el setenta por ciento, lo que amenaza con hacer imposible la subsistencia de este servicio público y dejarnos en la calle a los tres mil notarios y quince mil empleados que, a base de esfuerzos, duelos y quebrantos, lo seguimos prestando.
En estas circunstancias es lógico que sean muchos los que clamen por una revisión arancelaria que garantice, como mínimo, los niveles de mera subsistencia y evite un colapso del sistema que algunos vemos como probable e inminente.
Hoy, salvo en muy contadas excepciones, resulta imposible atender a los requerimientos económicos de los despachos teniendo como soporte un sistema retributivo del año 1989 que, para más inri, ha recibido desde entonces más de cincuenta zarpazos en forma de rebajas (muchas veces demagógicas y sin justificación social alguna).
El tema está en la prensa y, por supuesto, en la mente de nuestros dirigentes y del mismo Ministro de Justicia, pero lo único que se está haciendo es buscar “paños calientes” o mecanismos que, por bienintencionados que sean, ni siquiera servirán como paliativos de la grave situación en la que nos encontramos.
- La “genialidad” de las bodas ante notario ni aliviará la carga de juzgados y alcaldías ni remediará en nada nuestra caótica situación económica. Sin embargo, su simple anuncio, como el de los divorcios notariales no contenciosos y sin hijos menores, sólo ha servido para excitar los ánimos y procurarnos recelos y reticencias de secretarios judiciales y de algunos colegios de abogados. Nadie ha entendido que se trata de un “ofrecimiento” y no de una “petición” del notariado, puesto que serían actuaciones (opcionales para el ciudadano) de nulo o muy escaso interés económico para el notario, a quien, incluso, podrían resultar onerosas por no llegar a cubrir el coste real del servicio realizado.
- La actual ley reguladora del arbitraje y la reciente de mediación tampoco serán remedio de nuestros males. Se trata de campos compartidos con los demás profesionales del Derecho y cuya fecundidad exige una cultura de la solución extrajudicial de conflictos que hoy por hoy es muy escasa por estas latitudes. Nuestra presencia en estos ámbitos es cuestión de principios, no de euros.
- Muchos son los que tienen puestas ciertas esperanzas en la futura ley de jurisdicción voluntaria, pero otros nos malpensamos que tampoco por este lado hallaremos remedio a nuestras carencias, puesto que ya se ocuparán los politicos de incluir en el texto legal la consabida disposición adicional que recoja, ¡como siempre!, la sustancial rebaja de nuestros honorarios.
El asunto es grave y su solución urgente, pero… ¿están el país y sus politicos como para afrontar una reforma de calado en nuestro sistema retributivo, por más que sea justa y necesaria?; ¿sería suficiente, por el momento, con extraer todas las posibilidades del actual artículo 63 del Reglamento Notarial, recuperando por vía de resolución de la Dirección General el “coste medio ponderado del documento” ?
¿Quién le pone el cascabel al gato?
No le ha faltado tiempo a algún medio (Expansión, 22/11/11) para titular que los notarios están autorizados a pagar comisiones para captar clientes, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, al comentar una
Reproducimos a continuación la transcripción de una entrevista mantenida el día 29 de noviembre de 2011 en el programa de radio “La noche en la COPE” (Cadena COPE, ámbito nacional), con una representante de la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU).
Después de la tempestad… viene la calma. El riesgo está en que nos pasemos de frenada y en lugar de encontrarnos con la necesaria calma y serenidad para seguir avanzando, nos encontremos con esa peligrosísima y estéril calma chicha que nos deje dando bandazos, bailando al son que otros tocan, moviéndonos sin rumbo fijo, limitándonos a flotar y a sobrevivir, al pairo.
Los decanos del País Vasco y de Cataluña han sido elegidos Presidente y Vicepresidente del CGN por nueve votos a favor de los diecisete decanos que lo componen. La decana de Castilla-La Mancha y el decano de Valencia han entrado a formar parte de la Comisión Permanente. Queda por cubrir otra vacante producida en dicha Comisión producida por la renuncia del decano de Andalucía y ha sido nombrada una nueva Secretaria del Consejo. Se nos ha anunciado que ello es fruto de un pacto entre decanos de “distintas tendencias” y que, por ello, “representa un avance hacia la unidad”.
Presidente y Vicepresidente del Consejo General del Notariado, atendiendo a las amables “insinuaciones” de nueve de los diecisiete decanos, que por elegancia institucional prefieren no hablar de mociones de censura, han presentado una dimisión que se les ha aceptado de manera inmediata y hasta alborozada.
La dimisión de los decanos del País Vasco y Valencia como miembros de la Comisión Permanente del CGN es prueba evidente de que la precipitación con la que Guerrero se encaramó a los altares fue una manera de agarrarse a los hechos consumados, coger a todos por sorpresa, aprovecharse de la inercia y evitar la serena reflexión que, muy probablemente, hubiera servido para descabalgarle.
Desde esta página siempre nos hemos mostrado respetuosos y resignados, con el sistema, formalmente democrático, de elección de cargos dentro del Consejo General del Notariado.
Hace ya casi un mes que cambió (¡es un decir!) la cúpula del Consejo General del Notariado y todavía no se han puesto “manos a la obra”.
Quienes estamos por la “concordia” entre los dos operadores del sistema español de seguridad jurídica preventiva, no hacemos sino predicar en el desierto. Frente a nuestra doctrina conciliadora y muy probablemente utópica, se alzan quienes un día niegan la legitimación del notario para la interposición del recurso contra la calificación registral o quienes les replican defendiendo el sentido positivo del silencio o resolución extemporánea del mismo, todo lo cual podría ser material de seria reflexión técnica si no se utilizase o se percibiese como plasmación del sempiterno ¡y tu más! al que ya casi nos hemos acostumbrado.